En nuestro centro, el aroma a bizcocho recién horneado no solo anuncia la llegada de la merienda; anuncia que nuestras personas mayores han tomado las riendas de la cocina. El taller de repostería se convirtió en el epicentro de la actividad, donde la harina, los huevos y el azúcar fueron los protagonistas de una jornada llena de risas y colaboración.
Cocinar con sentido: más que una receta
Trabajar bajo el modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) significa entender que cada persona tiene una historia y unas capacidades únicas. Por eso, esta actividad no se limitó a seguir pasos, sino a poner en valor el saber hacer de cada uno:
- Participación activa: Las personas fueron quienes decidieron el punto exacto de la masa y recordaron aquellos «trucos» familiares que hacen que un bizcocho sea especial.
- Estimulación sensorial: El tacto de la masa, el sonido de las varillas y, por supuesto, ese olor inconfundible que inundó los pasillos, activando recuerdos y emociones positivas.
- Sentirse como en casa: Al alejarnos de las dietas industrializadas y preparar nuestra propia comida, reforzamos la identidad del centro como un verdadero hogar.
El broche de oro: la merienda
Lo mejor de cocinar es, sin duda, compartir. Tras dejar que el horno hiciera su magia, las personas mayores se reunieron por la tarde para degustar el resultado de su esfuerzo.
No hubo mejor acompañamiento para el café que el orgullo de decir: «Esto lo hemos hecho nosotros». Ver las caras de satisfacción y el ambiente de comunidad generado durante la merienda nos recuerda por qué apostamos por actividades con significado.
«La cocina es el lenguaje que nos une a todos, un puente entre el pasado y el presente que hoy hemos cruzado juntos.»





