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Alimentación en la tercera edad
11/11/2020

Con el incremento de la esperanza de vida, el deseo de mantener una buena salud, funcionalidad y calidad de vida, constituye una prioridad en las personas mayores.
Hay tres grandes grupos de factores que influyen en la mayor o menor esperanza de vida: los genéticos, ambientales y otros relacionados con el estilo de vida. Aunque la genética es un determinante de esta expectativa de vida, existen otros factores extrínsecos directamente implicados en la calidad de vida del anciano, entre los que cabe destacar la alimentación. Así pues, el cuidado de la salud de los ancianos no consiste sólo en un eficaz tratamiento de sus enfermedades sino que incluye también la prevención de aquellas en cuya base radica la alimentación, ya que una nutrición adecuada es eficaz, no sólo para prolongar la vida, sino también la calidad de la misma.
La dieta y el estado nutricional tienen gran influencia, particularmente en la prevención o tratamiento de diversas enfermedades que afectan a este grupo, uno de los más heterogéneos y vulnerables de la población de los países desarrollados con un mayor riesgo de sufrir desequilibrios, carencias y problemas nutricionales. Esto es debido, por un lado, a que las necesidades de algunos nutrientes pueden ser mayores que en etapas anteriores y, por otro, a su menor capacidad para regular todos los procesos relacionados con la ingesta de alimentos como consecuencia del progresivo deterioro de casi todas las funciones biológicas.

Existen múltiples factores (físicos, fisiológicos, psíquicos y sociales) relacionados con el envejecimiento que determinan cambios en las necesidades nutritivas de las personas de edad avanzada y que pueden afectar a su estado nutricional, convirtiendo a este grupo en uno de los más vulnerables de la población. Entre ellos, cabe destacar los cambios en la composición corporal, en los sentidos del gusto, olfato, etc., los problemas de masticación, los cambios gastrointestinales, metabólicos, neurológicos, en el sistema cardiovascular, función renal, función inmune; las enfermedades y sus secuelas o la medicación y las interacciones fármaco-nutrientes.

Mediante una adecuada intervención nutricional se pueden aminorar los cambios relacionados con el propio proceso de envejecimiento, mejorar la calidad de vida del anciano, reducir la susceptibilidad a algunas de las enfermedades más frecuentes y contribuir a su recuperación y de esta manera, ayudar a mantener, durante el mayor tiempo posible, un estilo de vida independiente para permanecer más tiempo en el ambiente propio de cada uno.

El objetivo de la adecuada alimentación en una persona mayor es mantener un óptimo estado de salud, que permita cubrir las necesidades nutricionales. Debemos evitar deficiencias, mantener el adecuado peso corporal y retardar la progresión de enfermedades relacionadas con la nutrición.

Una adecuada alimentación y la práctica regular de actividad física son dos pilares fundamentales para mantener un buen estado de salud en toda la población, pero muy especialmente para este grupo de edad, ya que la combinación de estos factores es clave para aumentar los años de vida con autonomía y una buena calidad de vida.

En cuanto a las recomendaciones alimentarias, éstas no difieren mucho de las que se sugieren para la población adulta en general. Pero, en función de los cambios que se vayan manifestando en el individuo, es conveniente ir ajustando la dieta con las modificaciones necesarias para adaptarla a la nueva situación de la persona, pero siempre respetando sus gustos y costumbres.

Las Recomendaciones dietéticas para preparar una dieta saludable se resumen a continuación:

  • -Disfrutar con la comida y comer en compañía.
  • -Comer de todo. Los problemas de dentadura pueden hacer que alimentos esenciales como la carne o las legumbres no se puedan comer. Esto tiene fácil solución preparando estos alimentos en forma de puré.
  • -Repartir los alimentos en 3-5 comidas diarias, haciendo más de una comida caliente al día. Algunas personas mayores pierden el apetito por lo que puede ser beneficioso hacer más comidas con pequeñas cantidades.
  • -Consumir una dieta variada con alta densidad de nutrientes, incluyendo especialmente alimentos de origen vegetal (cereales, frutas, verduras, leguminosas) por su aporte de hidratos de carbono, fibra, minerales y vitaminas.
  • -Fomentar la moderación para mantener el peso estable y dentro de los límites aconsejados, equilibrando la ingesta de energía con lo que se gasta mediante la realización diaria de ejercicio físico. Evitar tanto el bajo peso como la obesidad.
  • -Realizar diariamente algún tipo de actividad física para aumentar las necesidades de energía y el consumo de alimentos. Además, la actividad física previene la obesidad, mantiene la masa ósea, la independencia y la movilidad, reduce el riesgo de caídas y favorece la exposición al sol, contribuyendo a un adecuado nivel en vitamina D.
  • -Preservar el compartimento proteico para evitar una mayor pérdida de masa muscular. Las proteínas tienen que ser de alto valor biológico, de alta calidad.
  • -Cuidar el aporte de calcio. No conviene suprimir los lácteos de la dieta pues son los principales suministradores de calcio.
  • -Moderar el consumo de sal y de alimentos salados. La sal es esencial para la vida pero los productos frescos ya contienen cantidades necesarias.
  • -Vigilar la ingesta de líquidos para evitar la deshidratación. Tomar unos dos litros al día.
  • -En algunas situaciones será necesario recomendar el consumo de suplementos de minerales y vitaminas (vitamina D, B12, folatos, potasio, etc.) para mejorar el estado nutricional de los malnutridos o prevenir deficiencias en los que están en riesgo.

De todo lo anteriormente expuesto, se puede concluir que el consejo dietético dirigido a las personas de edad debe de ser un componente básico dentro de las actividades de promoción de la salud, con el fin de aumentar sus conocimientos y modificar sus actitudes en los aspectos relacionados con la alimentación y, para ello, los profesionales de la salud están en una posición óptima. Cualquier intervención dietética debe basarse en un adecuado conocimiento de la situación y debe evaluarse periódicamente para comprobar la tolerancia y la adherencia a la misma. Es importante, por tanto, saber qué factores modifican sus necesidades y cuál es el estado nutricional de esta población.

Artículo elaborado por Christelle Avahouin Gomez. Dietista-Nutricionista. Nº Col: NA 00284